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Año de nieves, año de bienes, ¿año de zombis?

Por José Manuel Hernando – Director Creativo del Área de Transformación, Cultura y Comunicación Interna de Atrevia

Los principios de año son momentos de reflexionar sobre proyecciones, previsiones y tendencias. Y, tras desempolvar la bola de cristal, ahí nos lanzamos los que nos dedicamos a esto de la Comunicación Interna para intuir o adivinar qué va a pasar en este momento en que parece que todo acaba y empieza de nuevo. Hablemos del futuro, pero desde un presente muy presente.

Dice el refrán que «año de nieves, años de bienes» y, si es cierto, nos espera un año de muchos muchos bienes. Pero más allá del refranero que, aunque sabio, no es el oráculo de Delfos, el contexto social, político y económico no parece en principio darle la razón. Y es que nos pasamos todo el final de año deseando que terminara el 2020, y ahora que ha entrado el 2021, nos hemos dado cuenta de que sí, de que puede ser peor. La razón es que, en tan solo 10 días, hemos visto cómo un ser con cabeza de toro acompañado de una multitud asaltaban el Capitolio norteamericano, y cómo una nevada de nombre de tebeo ha paralizado, de nuevo, nuestra ciudad.

Terminamos el año pidiendo “que en el 2021 nada nos pare” y de momento a mí ya lo ha hecho la nieve, y la COVID  19. Pero hagamos caso a lo de que la nieve es bien y pensemos que sí, que esto solo puede ir a mejor.La realidad es que el dicho es más real de lo que parece, ya que la nieve es un eficiente aislante térmico que protege los cultivos de las heladas y los mantiene húmedos, lo que garantiza una buena cosecha. Pero, por desgracia, no parece que esto sea extrapolable más allá del entorno agrícola.

No podemos negar evidencias tan reales como que las cosas no están muy bien. En diciembre,  hablaba de 68.000 empresas cerradas en el 2020. Ese mismo mes, Expansión publicó un artículo en el que dice que en el 2020 se destruyeron 600.000 puestos de trabajo, y que en el 2021 solo se recuperarán 1 de cada 3. Según este informe, el índice de paro aumentará a principio de año, pero se mantendrá estable durante el resto del año por la lenta -pero progresiva- recuperación económica. No obstante, parece que son buenas noticias el incremento de un 67% del negocio del e-commerce previsto para el 2021, y un informe de Adecco sobre previsiones de empleo para el nuevo año que habla de un incremento notable en la contratación de perfiles online. Esto nos remite a otro dicho que en este caso sí aplica:renovarse o morir.

Muchos negocios tradicionales se están reinventando para sobrevivir, y algunos ya lo han conseguido. Un gran número de restaurantes ha mantenido su actividad sirviendo comidas a domicilio, lo que les ha obligado a cambiar su modelo de oferta, negocio y servicio. A través de puedes acceder al fondo de catálogos y exposiciones de más de 2.000 museos en 80 países. El Corte Inglés, además de impulsar la venta online, ha lanzado el servicio click&car que permite elegir on y recoger off. Negocios de formación presencial como The Valley o ISDI han revisado su metodología formativa pasando toda su actividad a formatos online. Muchos hoteles urbanos han convertido sus habitaciones en para favorecer el teletrabajo. Uber se reinventa como servicio de mayordomo y mensajería. Y hay muchos más casos…

Esta misma necesidad de supervivencia está haciendo que también muchos profesionales se reinventen. Los que más y los que menos, hemos tenido que adquirir y mejorar habilidades y conocimientos para poder seguir con nuestra actividad laboral.

Pero si intentamos ver qué va a pasar este año, está claro. Durante el 2020 la comunicación interna ha tenido un rol fundamental para mantener viva la conexión entre personas y compañías, pero en la mayoría de los casos no ha pasado de ser un acompañamiento emocional y una relación meramente informativa. Y eso, ahora, ya no es suficiente. En estos momentos, el riesgo sanitario se ha visto sobrepasado por el económico, y muchas empresas se están replanteando la forma de acometerlo y, por supuesto, cuestionan el teletrabajo. Y es que según me confirman diversos medios de RRHH, el nivel de eficiencia está viendo una merma considerable. Es por eso que muchas empresas están asumiendo con resignación los elevados costes de preparar sus oficinas para la vuelta de todos sus empleados, con el consiguiente cabreo de estos. Otras están optando por un modelo híbrido que implica un control de la actividad laboral, por lo que están siendo tachadas de controladoras. Y las menos que optan por la no vuelta a la oficina están generando suspicacias debido a la escasez de inversión para hacer del trabajo en casa verdadero teletrabajo.

La mayoría de las compañías no saben si lo que están haciendo es lo correcto o va a ser contraproducente. Vale, no cuestiono el modelo de comunicación interna cercano y humano desarrollado durante la pandemia, pero tal vez si se hubiera apostado también un poco por educar en responsabilidad y compromiso, y en articular mecanismos de gestión y productividad, igual ahora el nivel de enfado sería menor y el de ánimo de resolución mayor. Lamentablemente, me temo que cuanto más nos acerquemos al curioso y desafortunado concepto de inmunidad de rebaño, más retomaremos la anterior realidad.

A modo de cierre, hay varias cosas fundamentales que, visto lo visto e independientemente de si la vuelta a las oficinas es total, parcial o anecdótica, las empresas deberían hacer de cara a replantear su estrategia de comunicación interna. Lo primero y fundamental, tomar el pulso real de la compañía, del mercado, de los empleados. Por su puesto, revisar su relato corporativo para ver si se adapta a la nueva realidad social y económica, y verificar que la política de RSE se ajusta a ese nuevo relato. Formar en competencias y habilidades a los líderes y sus equipos para prepararlos ante los nuevos retos. Revisar todo el proceso de comunicación para evitar tanto el exceso de ruido como el consiguiente silencio. Y por supuesto, apostar por una transformación digital en rrhh real, posible y duradera.

Cortesía de ATREVÍA